"Porque las ideas maduradas dicen más de nosotros mismos, pero menos de la realidad"

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miércoles, 4 de mayo de 2011

Meeting on Gornje Bare

Meeting on Gornje Bare by legio09
Meeting on Gornje Bare, a photo by legio09 on Flickr.
Foto histórica de la batalla del Sutjeska (1943)

He aquí una de las imágenes más conocidas de la batalla del Sutjeska , que fue tomada durante la tarde del 8 de junio de 1943, cerca de Gornje Bare. La imagen muestra el encuentro de los partisanos de la Brigada Majevica con sus camaradas heridos de la 2.ª Brigada Dálmata. Estos guerrilleros fueron heridos durante la exitosa defensa de las estratégicas mesetas de Donje y Gornje Bare en la montaña Tovarnica, una posición importante porque con su posesión las tropas alemanas con dirección sureste (Regimiento 738, parte del Regimiento Brandeburgo y el 14 Regimiento SS) podrían cortar la única vía de escape partisana a través de las montañas Zelengora.
La defensa duró desde el día 5 al 9 de junio de 1943, cuando los partisanos se retiraron, sufriendo ambos bandos grandes bajas (la 2 .ª Brigada Dálmata perdió 2 / 3 de sus hombres). El 8 de junio unos 200 partisanos de la Brigada Majevica fueron enviados a reforzar las líneas dálmatas.
La integrante del destacamento político de la Brigada Majevica, Desa Koštan, de Šibenik, saluda a su amiga herida Biserka Bukić de la Segunda Brigada Dálmata, también de Šibenik. Desa Koštan sobrevivió a la guerra y se convirtió en ministra de Bosnia y Herzegovina (Secretaria de Información), Biserka Bukić no tuvo tanta suerte, y como casi todos los partisanos heridos durante la batalla de Sutjeska, murió en la última fase de la batalla.

N del A: Aunque esta información la encontré en el pie de foto, investigando un poco he encontrado a Biserka Bukić en una lista de víctimas del Campo de concentración de Jasenovac, donde figura que nació en Šibenik en 1922. Es probable que Bukić sobreviviera a la batalla y acabara sus días en Jasenovac, como tantos otros combatientes partisanos.   

viernes, 20 de agosto de 2010

La maestra de Brañosera

No acostumbro a utilizar textos de otros para las entradas del blog, pero en este caso voy a hacer una excepción, porque poco puedo aportar a la narración. Una narración referida a la sinrazón que acompañó a la Guerra Civil Española y que a veces pretendemos (o nos pretenden hacer) olvidar. La depuración del magisterio en España en esa época es uno de los casos más ominosos de crimen cultural que ha vivido este país, e incluye casos como el que nos ocupa. Se trata del relato de la triste historia de Isabel Esteban Nieto, maestra nacional de la localidad palentina de Brañosera que, como tantos otros, señalada por el dedo inquisidor de quienes en una ocasión pudieron emplear su odio para decidir sobre la vida de otros, y bajo la grave acusación de ''ser roja'' acabó sus días con un tiro en la cabeza y enterrada en una fosa común que todavía no ha sido localizada.

El texto siguiente es un extracto del trabajo para la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Marije Hristova-Dijkstra, cuyo texto íntegro se puede encontrar aquí.

Biografía
Isabel Esteban Nieto nació el 8 de julio de 1893 en Villagimena; hija de Ildefonso Esteban Abad y Vidala Nieto Pérez. Se formó como maestra bajo el marco ideológico de la España de la Restauración y obtuvo el título de Maestra de 1ª Enseñanza el 23 de octubre de 1913 en la Escuela Normal de Palencia con la nota de Aprobado. De 1914 a 1925 ejerció como sustituta e interina en varios pueblos de las provincias de Valladolid y Palencia, entre ellos Aldeayuso (Peñafiel), donde se casó con el panadero Guillermo Rodríguez Matabuena el 3 de febrero de 1919. Tuvieron siete hijos. En 1925 obtuvo la primera plaza en propiedad en Becerril de Campos, donde permaneció hasta trasladarse con la familia a Brañosera en septiembre de 1934.

Testimonios
Lo poco que sabemos acerca de la vida personal y de la orientación ideológica de Isabel procede de fuentes orales. Pero veamos primero la única documentación escrita: el expediente de depuración elaborado con posterioridad a su muerte. En el informe leemos que el 31 de agosto el alcalde de Brañosera, Clemente Adán, informa al Rector de la Universidad de Valladolid de que 'su actuación ha sido francamente socialista', y el 4 de enero de 1937, el nuevo alcalde Manuel García hace constar lo siguiente:

'Que se destacó por su actividad favorable a las doctrinas marxistas orientando su enseñanza en este sentido y francamente laico, hasta el extremo de obligar a los niños a cantar la Internacional en la Escuela y paseos escolares'.
El 22 de marzo de 1937 el juez de paz de Brañosera, Buenaventura Alcalde Ruiz denuncia su militancia en el Frente Popular. La investigación siguió en 1939, cuando esta misma persona eleva un informe detallado sobre la conducta de Isabel y otro maestro, Andrés Gómez Amigo, que también suscriben el cura José de Cos Rodríguez y el alcalde don Arsenio Miguel del Río. De nuevo subraya el canto de la Internacional con los alumnos, sus ideas marxistas y que estaba considerada en todo el pueblo como una persona de una conducta peligrosa. El alcalde añade la presencia de la bandera socialista durante los paseos y su ausencia de los actos religiosos. El cura párroco completa la imagen catastrofista de esta señora:

'...habiendo habido necesidad de habilitar un local debajo de donde vivía ésta, para celebrar misa, y durante ésta, como queda dicho vivía en la parte superior, no dejaba oírla con devoción a los que asistían haciendo ruidos y dando golpes...'


María, de 79 años, tenía 12 cuando empezó la guerra e iba a clase con Dª Isabel. Habla con miedo, pero se acuerda de algunos momentos especiales que pasó con la maestra: una excursión, que pudo haber tenido lugar a finales del curso 1935/36:

'Ayy...! no sé por qué se lo he dicho. Bueno, pero sí he dicho lo que he oído y lo que sé. Yo me acuerdo que fuimos de excursión con doña Isabel a Santander. Fue en julio o en agosto, no sé, puede ser que fuera julio. Nos llevó a todas las niñas. Fuimos a las cuevas de Altamira, fue un día feliz. Feliz, feliz. Ella hacía mucho por todos y por todas... Buena persona.'


Todas las alumnas y vecinas de Brañosera la describen con mucho cariño, en abierto contraste con la 'conducta peligrosa' que según el juez de paz le reconocía por todo el pueblo.

'Era una mujer, ya lo digo yo con el corazón en la mano, era una mujer muy concienciosa. Porque mi madre se quedó viuda, con cuatro hijos, y no tenía para mantenernos y tuvo que ir a trabajar y no nos podía mandar a la escuela. Y [doña Isabel] nos mandaba por la noche a darnos clase, pero claro, fue muy poco tiempo, porque la llevaron presa y ya...'


Algunos vecinos de Brañosera piensan, a partir de este último dato, que no faltan razones para que se la considerara socialista. Sin embargo, María rebate la información que tenemos acerca de su conducta política sobre la base del expediente de depuración.

'-¿Y eso de que cantaban la Internacional?
-No, calla por Dios, no; cantábamos cosas de niños. Pero nada más. Nada más.
-¿Iba ella a la iglesia?
-No sé, pero a la iglesia íbamos todos. Era pronto, a las nueve o así, pero íbamos.
Yo digo que ella tiraba más a derechas que a izquierdas. Pero no lo sé.

Concluyendo podemos considerar que Isabel Esteban seguramente fue detenida más por su condición de maestra que por su conducta política.

'Cumpliendo lo ordenado en la Orden de la Junta de Defensa Nacional del 19 de agosto, tengo el honor de participar a V.I.S. que la Maestra de Brañosera, Doña Isabel Esteban Nieto no ha abierto la escuela en el día de ayer por encontrarse detenida por su actuación socialista...'
Carta del alcalde Clemente Adán al Rector de la Universidad
Brañosera, 2 de septiembre de 1936.

Con este documento podemos comprobar que efectivamente fue detenida antes de septiembre de 1936. Pocas semanas después de su detención murió su hija menor Josefa, a la edad de 13 meses. No se ha podido encontrar ningún documento donde conste una orden de detención.
Puede haber existido, sin embargo la mayoría de la documentación acerca de la Guerra Civil en Palencia fue destruida pocos años después. Según los vecinos, Isabel fue detenida por falangistas, gente de fuera. Ascensión Miguel Sardina, de 91 años, recuerda a un chico al que apodaban el "criminal" de Brañosera, que vino con otros de fuera. Según otros testimonios, ese día se llevaron a más gente. Los subieron a todos en un camión, pero nadie sabe a dónde les llevaban. A otros les daban directamente el paseo en las afueras del pueblo, en la carretera de Brañosera a Barruelo.

Cautiverio
Entre la detención y el fusilamiento de Isabel existe una importante laguna , pero existen varias indicaciones que apuntan a una breve estancia en la cárcel de Palencia, aunque no consta testimonio documental. Sus familiares recuerdan que hubo una carta que la maestra envió a casa después de su detención, en la que se despedía de su familia.

Fusilamiento
En el acta de defunción de Isabel, solicitado por su hijo Ricardo en 1942, consta que Isabel Esteban Nieto falleció el 7 de septiembre a las veinte horas, a consecuencia de arma de fuego con motivo de los actos de oposición al Glorioso Movimiento Nacional, así como que se halla sepultada en la ''finca de Ramírez'', en la localidad de Quintana del Puente. Cuando, en 1991, su nieta Isabel Rodríguez formuló la correspondiente petición para el traslasdo de los restos del cadáver de su abuela a Aguilar de Campoo, la respuesta del juzgado de paz de la localidad fue la siguiente:

'...pero después de más de 40 años que sucedieron los lamentables hechos, que ya no existen personas que los puedan constatar y que nada más se sabe que en aquel monte, hoy finca totalmente roturada para siembra, sin otro señalamiento, poco se puede hacer para localizar los restos cuando fueron montones de cadáveres los que se enterraron indiscriminadamente en todo aquel paraje.'


En los alrededores de Quintana, circulan varias versiones de la historia de la maestra fusilada, la mayoría asociadas a una fosa común en la que reposarían los restos de cinco maestros. Pese a las palabras del juez de paz, se estima que esa sea la única fosa ubicada en ese espacio, que podría contener los restos de cinco maestros entre los que se encontraría una mujer de mediana edad. El monte Ramírez se ubica en el término municipal de Quintana del Puente, cruzando el río y la autovía Palencia-Burgos. Tras 12 años de investigaciones, Isabel Rodríguez consiguió hablar con Faustino, uno de los hombres que fueron obligados a cavar la fosa. Su testimonio no es coincidente con los de otros testigos, por lo que la zona comprende un espacio relativamente grande, y está delimitada a partir de testimonios secundarios e inexactos.


Apreciaciones
Afortunadamente la memoria de Isabel sigue viva gracias en parte al empeño de su nieta, Isabel Rodríguez, que ha dedicado una parte importante de su vida a intentar localizar el lugar exacto donde permanece el cuerpo de su abuela para darle una sepultura digna. Sirva su esfuerzo como ejemplo de aquellos que sin ánimo de revancha ni de lucro buscan devolver la dignidad a quienes, desde cualquiera de los dos bandos, fueron desposeídos del derecho más elemental del ser humano: el derecho a la vida.



Sirva también como homenaje a todos aquellos maestros de pueblo (tan magistralmente representados por Fernando Fernán Gómez en la inolvidable "La lengua de las mariposas") que fueron condenados a muerte por haber cometido el delito de culturizar a la plebe. Gracias, Don Gregorio.

Más información

*Gutiérrez Flores, Jesús. Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla. Libros en Red, 2006. ISBN 1597541400

miércoles, 21 de julio de 2010

La gran mentira de los Balcanes



Cuando, entre 1992 y 1995, Yugoslavia se vio inmersa en una terrible guerra civil que acabó con la desmembración del multiétnico estado, las nuevas tecnologías todavía no estaban plenamente implantadas en nuestras vidas, Internet era una herramienta minoritaria y la única información que percibíamos de aquellos terribles sucesos era la que nos llegaba a través de la prensa y la televisión. Quizás por eso los mass-media nos colaron una de las mayores infamias de la historia moderna: la gran mentira de los Balcanes. Con esta experiencia bien aprendida, sus bases se aplicaron de nuevo, y aún más estrictamente en Kosovo en 1999, completando la labor que oscuros intereses occidentales iniciaron en Yugoslavia hacia 1980.


Ahora, a casi 20 años vista de aquel conflicto, comprobar día a día cómo la información fue manipulada y cómo los hechos fueron orquestados por intereses de Europa y los Estados Unidos le sumen a uno en un estado de catarsis que nos provoca la duda de qué fue verdad y qué fue mentira en las mal llamadas “guerras yugoslavas”, y términos como limpieza étnica, genocidio de Srebrenica o masacre del mercado de Sarajevo, marcados a fuego en nuestras mentes, adquieren una dualidad que resulta una falta total de respeto para con la historia.

Evidencias
Una de las opiniones más críticas y reputadas sobre este hecho es la del escritor y periodista belga Michel Collon. El antiimperialista Collon ha publicado diversos trabajos que ponen en tela de juicio la intervención de las potencias occidentales y sus serviciales mass-media en el conflicto yugoslavo. Según él, empresas estadounidenses y diplomáticos europeos pusieron en marcha un programa de propaganda encaminado a “romper Yugoslavia, demasiado a la izquierda, eliminar su sistema social, someter la zona a las multinacionales, y controlar el Danubio y las rutas estratégicas de los Balcanes”. Cuatro años de una guerra atroz para todas las nacionalidades (musulmanes, serbios, croatas), provocada por Berlín y prolongada por Washington.

Slobodan MilosevicSi bien es cierto que estas actuaciones azuzaron a los gallos a la pelea, los ingredientes ya estaban servidos para crear el pastel: la llegada al poder en Serbia, Croacia y Bosnia de regímenes ultranacionalistas que sacaron los más bajos instintos de sus ciudadanos para sumirles en una guerra todos contra todos que garantizaba el horror.

Las desavenencias entre estas tres nacionalidades venían de siglos atrás, pero la entrada en escena de recalcitrantes nacionalistas como Slobodan Milošević, Franjo Tuđman y Alija Izetbegović precipitó un holocausto que con unos dirigentes menos apasionados, y sobre todo más honrados, podría haberse evitado.

Pero los instigadores del conflicto necesitaban al malo de la película, y el rol le fue rápidamente adjudicado (tampoco negó méritos) a Serbia-Yugoslavia.
Así, los dirigentes croatas y musulmanes fueron presentados como víctimas, pero la realidad era bien distinta: en Croacia Franjo Tudjman se apresuró a cambiar los nombres de las calles que llevaban el nombre de luchadores antifascistas, restableció la bandera del régimen fascista ustashi de 1941 y modificó la Constitución para comenzar la expulsión de los serbios. En Bosnia, Izetbegovic, un ex colaboracionista nazi que basó su triunfo en su "Declaración islámica": "No existe paz ni coexistencia entre la religión islámica y las instituciones sociales y políticas no islámicas."

Instauró un régimen corrupto y mafioso, basado fundamentalmente en un lucrativo mercado negro y en el desvío de la ayuda internacional. Con la bendición de Washington permitió la entrada de mercenarios islamistas, especialmente a Al Qaeda, en apoyo de la causa musulmana. Según la periodista británica Eve-Ann Prentice «en noviembre del 94 me encontraba con un colega del Spiegel en la antesala del despacho del presidente de Bosnia, Izetbegovic. Vimos entrar a Osama Ben Laden con escolta en el despacho de Izetbegovic.» Una vez empezada la guerra, se cometieron crímenes terribles en los tres campos, pero al ocultar estos antecedentes se lograba que la situación fuera incomprensible.

Según Michael Collon, ya en 1979, el BND alemán envió a Zagreb un equipo de agentes secretos, con la misión de apoyar a Franjo Tudjman, racista que propagaba activamente el odio étnico y predicaba la fragmentación de Yugoslavia.

Alemania le apoyó y le envió armas antes de la guerra, con el objetivo de resquebrajar Yugoslavia en miniestados fáciles de someter y controlar así los Balcanes, implantar allí sus empresas, exportar sus productos y dominar el mercado. Además constituían una ruta estratégica hacia Oriente Medio, el Caúcaso, el petróleo y el gas. Al inicio de la cumbre de Maastricht, en 1991, el canciller alemán Helmut Kohl fue el único empeñado en fragmentar Yugoslavia y reconocer precipitadamente las "independencias" de Eslovenia y Croacia, despreciando el derecho internacional y la Constitución yugoslava, pero el peso específico de Alemania consiguió imponer a sus socios europeos esta locura.

Los campos de exterminio
Con el comienzo de la guerra de Bosnia se produjo la entrada en escena de los Estados Unidos-OTAN, cuyos intereses geopolíticos y militares en los Balcanes eran evidentes. Pero curiosamente la mayor contribución norteamericana en la gran mentira de los Balcanes fue propagandística, a través de la agencia Ruder Finn, que fue contratada por los separatistas croatas y musulmanes en una maniobra que les reportó enormes beneficios. En efecto, Ruder Finn se encargó de fabricar, distorsionar y dar cobertura a noticias que inmediatamente llegaban a la opinión pública occidental y automáticamente relacionaban a los serbios con las mayores atrocidades cometidas en suelo europeo desde la II Guerra Mundial. Es decir, los transformaron en los nazis de los ’90. Según el propio director de la agencia, James Harff:

Nuestra labor no consiste en comprobar las informaciones. No estamos equipados para ello. Nuestra tarea es acelerar la circulación de las noticias que son favorables para nosotros y guiarlas hacia círculos cuidadosamente escogidos. No afirmamos que existan campos de exterminio serbios en Bosnia. Sólo nos encargamos de que todos sepan que es Newsday el que ha lanzado esa información. No nos pagan por sermones morales. (1)





El asunto al que se refiere Harff fue la publicación, orquestada por el polémico político francés Bernard Kouchner (entonces miembro de "Médicos sin Fronteras"), de unas imágenes en las que se presentaba a famélicos prisioneros de guerra bosnios tras unas alambradas en lo que se identificó como un campo de exterminio. Era, en realidad, la mayor mentira mediática de los años 90. La imagen fue portada de la revista TIME, y su resultado, fulminante: la opinión pública mundial asoció rápidamente aquel lugar con Auschwitz, y convirtió a los serbios en los verdugos de los que irónicamente ellos mismos habían sido víctimas durante la IIGM, cuando casi 1.000.000 de ellos fueron ejecutados por los nazis croatas en Jasenovac de las formas más crueles jamás imaginadas. Cuando Médicos del Mundo reconoció ante la evidencia que aquella campaña, destinada a “sensibilizar sobre la limpieza étnica en Yugoslavia” estuvo manipulada, habían pasado ya demasiados años, y su imagen había precipitado la intervención internacional contra los serbios de Bosnia. Aquel individuo esquelético que aparecía en la foto era Fikret Alić, un musulmán bosnio. Situado en primer plano, la situación física de Alić hizo que pasara desapercibido el perfecto estado del resto de prisioneros. La participación de Kouchner en este macabro asunto ha disparado las controversias sobre su mediación en otros conflictos, y ha sido acusado de otras actividades poco éticas en Kosovo y el Congo.



Srebrenica
Pero no sólo de la invención de información se nutrió la gran mentira de los Balcanes: en ocasiones fue la omisión de información la que manipuló hechos ya de por sí suficientemente dramáticos como para tergiversarlos, y uno de estos hechos, aunque distorsionado, pasó tristemente a la historia: la masacre de Srebrenica.

La historia, o lo que interesaba saber de ella, la sabe todo el mundo: las fuerzas serbobosnias, al mando del general Ratko Mladic, tomaron el área segura de Srebrenica, separaron a las mujeres de los hombres, y ejecutaron a 8.000 de ellos en edad militar. Demasiado sencillo. Sin entrar a cuestionar las cifras ni la veracidad de la matanza, los hechos desarrollados antes y durante la misma nos muestran una realidad que muchos no están dispuestos a soportar.

En un brillante artículo de 2007, el historiador Francisco Veiga, una de las voces más discordantes con la versión oficial del conflicto Bosnio, explica cómo durante los acontecimientos que precedieron a la masacre, los guerrilleros musulmanes al mando de Naser Oric (según Philippe Morillon, jefe de las fuerzas de la ONU en Bosnia "un criminal de guerra que no tomaba prisioneros"), llevaron a cabo su particular limpieza étnica en Srebrenica y aldeas próximas, causando un número de víctimas que se han cifrado en unas 5.000, utilizando el área segura como base. El general canadiense Lewis Mackenzie, predecesor de Morillon en el cargo, dijo que "todo indica que Naser Oric mató a tantos serbios fuera de Srebrenica como los serbobosnios mataron luego". Pero cuando los serbobosnios pusieron cerco al enclave, Oric y sus altos mandos abandonaron en helicóptero la ciudad, dejando su defensa en manos de suboficiales al mando de una mal equipada división que poco podía hacer ante la ofensiva del ejército serbobosnio. Cuando las tropas de Mladic hicieron su entrada, el grueso del contingente militar que defendía la ciudad la abandonó a pie en dirección a Tuzla, en zona bajo control bosnio, y el batallón holandés de la ONU destinado a la protección de los civiles se mantuvo completamente al margen del desenlace. Es decir, cuando Mladic y sus tropas, además de los chetniks y paramilitares cayeron como perros rabiosos sobre la población civil, los únicos que podían defenderla se habían ido o no podían intervenir. El dramático desenlace del enclave le conocemos todos. Cuando los supervivientes de la marcha llegaron a Tuzla, se produjeron graves enfrentamientos con el 2º Cuerpo de su Ejército acantonado allí: les habían abandonado a su suerte. En 1996, el diario sarajevita Slobodna Bosna publicó una entrevista con el representante bosnio ante el parlamento federal, Ibran Mustafic, en la que el político admitió: “La Presidencia y el Ejército sacrificaron Srebrenica”.(2) ¿Por qué, sabiendo el grave riesgo de represalias que corría la población bosníaca si caía en manos de los serbobosnios, esta fue abandonada a su suerte? Los réditos obtenidos por Izetbegovic de este horrible suceso fueron notables: Srebrenica justificó la intervención armada de la ONU y precipitó la caída de Karadzic, presunto autor intelectual de lo que luego fue considerado genocidio por el TPIY.

El mercado de Sarajevo
El 28 de agosto de 1995, un proyectil de mortero alcanzó el mercado central de Sarajevo, matando a 37 e hiriendo a 90 civiles bosnios que se encontraban haciendo compras. El hecho se produjo en un momento en que las potencias occidentales estaban debatiendo el uso de la fuerza contra los serbios para parar la guerra, y la matanza les convenció definitivamente.

Pero las controversias sobre de dónde procedía aquel proyectil continúan hasta el día de hoy. El suceso, además, tuvo un precedente idéntico en mayo de 1982, cuando a pesar de que fuentes bosnias se apresuraron a acusar a los serbobosnios de la matanza, y la prensa internacional enseguida les atribuyó el ataque, la cadena pública francesa TF1 filtró que existía un informe secreto según el cual la primera matanza del mercado de Sarajevo fue originada por un obús lanzado desde posiciones de la Armija bosnia, lo que provocó un profundo malestar en Francia. Queda en el aire la aseveración de François Mitterrand: «el Sr. Butros Gali me ha informado hace unos días de que el proyectil que impactó en el mercado de Markale, en Sarajevo, era un acto de provocación de los musulmanes bosnios». Resulta revelador que Francia fue el país que mostró más reservas a la hora de actuar contra los serbobosnios.

A pesar de que es probable que aquel proyectil procediese de posiciones serbias, la precipitación con que los principales implicados acusaron a los serbios, aún existiendo dudas al respecto, provocaron que distintos medios hayan calificado la masacre del Markale como un ataque de bandera falsa.





Los medios de comunicación occidentales ofrecieron versiones sensacionalistas de las matanzas y no dudaron en omitir toda la información que las acompañó, recurriendo al truco fácil de presentar a los serbobosnios como asesinos sanguinarios y a los musulmanes como víctimas desvalidas de estos sucesos, obviando toda alusión a los acontecimientos anteriores y posteriores a las masacres en sí. Francamente, sin la “cooperación” de personajes como Mladic, Karadzic o Milosevic, los mass-media habrían tenido harto complicada esta asignación de roles, pero su poca diplomacia lo puso más bien fácil.

Dejaré para otro capítulo, porque merece un estudio aparte, la intervención “occidental” en Kosovo, donde los mismos instigadores utilizaron su experiencia en Bosnia para realizar la misma jugada, con idénticos resultados, aunque dejando más al descubierto sus tácticas.

Más información:


(1) Pizarroso Quintero, Alejandro: Nuevas guerras, vieja propaganda: de Vietnam a Irak, pp. 187


(2) Slobodna Bosna, Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, 14 de julio de 1996






lunes, 28 de junio de 2010

Badajoz-Srebrenica: medio siglo de genocidio en Europa

La historia, no por simple y conocida, deja de ser terrible: durante una guerra civil, uno de los ejércitos contendientes, tras un duro asedio, consigue conquistar una ciudad que se encontraba bajo control del bando contrario. Después, comienza la eliminación sistemática de todo elemento sospechoso de pertenecer ideológica o activamente al enemigo.

Ratko Mladić y Juan Yagüe son dos militares de carrera, considerados brillantes en el transcurso de sus respectivas carreras. Yagüe se había curtido en la Guerra de Marruecos y tuvo un papel decisivo en la Guerra Civil Española. Cuando murió en Burgos, en 1952, Mladić tenía 10 años y era huérfano de un partisano serbio que cayó en una escaramuza contra los ustashi, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Cinco años después ingresó en la academia militar, progresando en el Ejército Popular Yugoslavo hasta convertirse en General en jefe del ejército de los serbios de Bosnia. Ambos personajes pues, es poco probable que coincidieran, pero acabaron protagonizando dos de los episodios más horripilantes de la historia del viejo continente.

Ratko Mladić y Juan Yagüe
Ratko Mladić y Juan Yagüe



Badajoz era en 1939 capital de una comarca agrícola de aquella Extremadura profunda. Con 41.122 habitantes, la época que precedió a la Guerra Civil Española vivió allí la rebelión del campesinado contra los terratenientes, la expropiación de las tierras de los señoritos y la represión contra la iglesia católica. Era, pues, un feudo de los parias de la tierra. A 2.240 km en línea recta se encuentra Srebrenica (la ‘ciudad de la plata’ o Argentaria de los romanos que explotaron sus minas), encajonada entre las montañas del este de Bosnia y con la madera de sus bosques y sus aguas medicinales como únicos recursos. Cuando empezó el conflicto yugoslavo, los guerrilleros de Naser Oric expulsaron o eliminaron a la población serbia, quedando sólo los musulmanes, (unos 50.000 con los refugiados de otras regiones) herederos religiosos de la ocupación turca.


El contexto del conflicto civil español y el yugoslavo tuvieron muy poco que ver, y sucedieron en dos períodos históricos radicalmente distintos. Si en la España de los años 30 lo provocaron divisiones sociales y políticas, en los Balcanes de los 90 intervinieron decisivamente factores religiosos y nacionales, especialmente en Bosnia. Pero un factor común alentó el genocidio y encendió la mecha que explotó en sucesos espeluznantes: el odio. El odio engendrado por generaciones. El odio irreconciliable entre formas de vida distintas, y sobre todo, el odio instigado por políticos que condujeron a quienes supuestamente debían representar a las más horribles situaciones de la historia moderna de Europa.


Las tropas de Juan Yagüe tomaron Badajoz el 14 de agosto de 1936. Tenía bajo su mando 2.250 legionarios y 750 regulares marroquíes que asaltaron la ciudad amurallada ante la inútil oposición de las pobremente equipadas milicias republicanas que la defendían. La ciudad era objetivo estratégico de los fascistas, pues abría un pasillo que comunicaba sus grupos de ejércitos del norte y del sur del país. En esa fecha, Srebrenica pertenecía al Reino de Yugoslavia, y su población agrupaba a serbios y musulmanes dedicados a labores agrícolas y forestales. 56 años más tarde, ambas etnias se convirtieron en enemigos irreconciliables, que alternativamente eran expulsadas por la otra de su centenaria ciudad. El 11 de julio de 1995, a pesar de que había sido declarada zona segura por la ONU, y de que un batallón neerlandés de UNPROFOR protegía a la población civil, el ejército de los serbios de Bosnia, al mando de su comandante en jefe, el general Ratko Mladic, devastó las defensas de la Armija (el ejército de Bosnia y Herzegovina) y tomó la ciudad, uniéndola al territorio bajo control serbobosnio.


El destino de la población civil en ambos casos corrió por cuenta de decisiones superiores. A pesar de que siempre se trata de otorgar al paroxismo del momento la responsabilidad en estas masacres, ambas tuvieron claros instigadores: en España, los directores del golpe de estado, Francisco Franco, Emilio Mola, y especialmente el sádico Gonzalo Queipo de Llano, promovieron una campaña de ejecuciones masivas que tenía como objetivo purgar el país concienzudamente de izquierdistas y sembrar el terror entre aquellos que todavía resistían. En la nueva República de Bosnia y Herzegovina, el líder de la minoría serbia, el doctor Radovan Karadžić, proclamó la República Serbia de Bosnia como hogar de todos los serbios que no aceptaban la soberanía bosníaca. La heterogeneidad étnica del nuevo estado convirtió la limpieza étnica en práctica habitual de los contendientes, que llevaron a cabo el traslado forzoso de millones de personas. De Karadžić partió la orden directa de la toma de Srebrenica. ¿Fueron Yagüe y Mladić meros ejecutores de una sentencia ya dictada? Por supuesto que no.


Lo cierto es que, más allá de las guerras de cifras, de la influencia de la propaganda, del negacionismo y del revisionismo, en ambas ciudades fue exterminado un porcentaje de población civil que puso sus nombres en la página más negra de la historia. Ser ‘’rojo’’ aquel infausto día de agosto en Badajoz fue el delito por el que entre 2.000 y 4.000 personas fueron fusiladas, incineradas y sepultadas. En la montañosa ciudad de Bosnia oriental, ser mayor de edad, varón y musulmán fue el pretexto por el que las tropas de Mladic y paramilitares serbios quitaron la vida a 8.100 personas y las sepultaron en un radio de 20 km.
En ambos casos, la prensa recogió sendas declaraciones de intenciones que no dejan lugar a la duda sobre la implicación de los directores de orquesta, antes:

“Aquí estamos, el 11 de julio de 1995, en la Srebrenica serbia, justo antes de un gran día para Serbia. Entregamos esta ciudad a la nación serbia, recordando el levantamiento contra los turcos. Ha llegado el momento de vengarse de los musulmanes” Ratko Mladic, a la televisión serbia.

Y después:

“Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?” Juan Yagüe, al periodista John T. Whitaker


Pero la guerra no se inventó en la España del ’36: ya existía; y como alguien trató de recordarnos, es algo inherente al hombre. Lo que no existía fue ese ensañamiento que practicaron contra la población civil los sublevados contra la II República Española. No al menos, en la dimensión mediática que alcanzó la masacre de Badajoz. Cierto es que el holocausto armenio ya se había producido, pero su ocultación y menor cobertura mediática lo relevaron a un segundo plano hasta estudios más modernos. El holocausto nazi en la Segunda Guerra Mundial asombró al mundo y propició el camino para redactar unas leyes que condenasen la eliminación sistemática de un grupo nacional, étnico, racial, político o religioso, legislándolo con el término genocidio y considerándolo un crimen contra la humanidad no prescriptible. En 1995 Srebrenica desempolvó el libro del horror y recordó a la moderna Europa que la amenaza estaba a la vuelta de la esquina. Como sensatamente dijo Karl von Clausewitz, (uno de los estrategas militares más grandes de todos los tiempos) la finalidad de la guerra es desarmar al enemigo, no exterminarlo.


viernes, 18 de junio de 2010

Un poco de literatura revisionista

Recientemente ha salido a la venta un libro que a la vista de un lector poco interesado por el tema podría parecer una crónica más de la Guerra Civil Española en una ciudad cualquiera de nuestro país, pero no es así. El libro en cuestión se titula La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda, y sus autores son Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Fernando de la Iglesia.

Portada del libro
Comencé a seguir las andanzas de Francisco Pilo Ortiz (Badajoz, 1957), cuando, buscando información para un artículo sobre las
matanzas de Badajoz acontecidas en la ciudad extremeña tras la toma de la ciudad por las tropas franquistas en 1936, la mayoría de las búsquedas me conducían a un blog (este concretamente; no me importa hacerle publicidad porque no tiene desperdicio) en el que se abordaban todos los temas relacionados con el suceso con una rabia y un odio que me llevaron a querer seguir profundizando para averiguar qué mente podía ser destinada a proporcionar esa información gestionada con tanto resquemor y mala uva.

La búsqueda me llevo a un individuo, el tal Francisco Pilo, un policía (nacional o municipal, tampoco importa mucho) que había dedicado muchos años de su vida a investigar la historia de su ciudad, publicando algunas obras decentes como una sobre la
alcazaba pacense: Un paseo por la alcazaba árabe de Badajoz. Si no me equivoco el primer trabajo serio de Pilo sobre la guerra civil fue Ellos lo vivieron: sucesos en Badajoz durante los meses de julio y agosto de 1936, narrados por personas que los presenciaron, donde mostró algunos retazos de investigación propia sobre los tristes sucesos de la capital pacense.

A grandes rasgos, cuando las tropas nacionales (la redirección me parece más correcta) tomaron la ciudad en su avance desde Andalucía a través de Extremadura, se produjo en Badajoz uno de los episodios más bárbaros de toda la contienda: el entonces coronel
Juan Yagüe -que quedó retratado como el carnicero de Badajoz- ordenó la ejecución de un número indeterminado de población civil, muchos de los cuales nada tenían que ver con la contienda. Las cifras más altas hablan de 4.000 represaliados, mientras que revisionistas furibundos como Pío Moa las reducen a unos cientos. El caso es que periodistas internacionales que cubrían el conflicto en tierras extremeñas enviaron a sus diarios terroríficas crónicas describiendo las matanzas masivas acaecidas allí, muchas de las cuales localizadas en la antigua plaza de toros de la ciudad. Eso se llama genocidio.

Imagen del antiguo cementerio de San Juan de Badajoz, donde eran llevados los cuerpos de los fusilados para ser quemados y depositados en fosas comunesSiendo justos, el libro de Pilo contaba episodios del macabro suceso que tenían toda la pinta de ser verídicos, y se centraba muy mucho en la tragedia humana que vivieron aquellas pobres gentes a manos del ejército de África, compuesto por salvajes regulares moros y legionarios que cayeron como buitres sobre la indefensa población civil, dirigidos por unos mandos crueles curtidos en el norte africano, Antonio Castejón Espinosa y Carlos Asensio Cabanillas, a las órdenes de Yagüe en lo que Francisco Espinosa Maestre definió acertadamente como La columna de la muerte

Lo cierto es que tras este libro, la actitud de Pilo dio un giro radical. Mis pesquisas me sugieren que se sintió ninguneado y humillado por otros historiadores (él no lo es) y en especial por Espinosa Maestre, blanco habitual de los ataques de Pilo. Parece que tampoco las instituciones dieron demasiada importancia al trabajo del policía, que a partir de entonces comenzó su propia cruzada contra la historia que se conocía de la masacre de Badajoz, que a partir de entonces fue para él "propaganda republicana".

Una hilera de cadáveres carbonizados en el cementerio de San Juan de BadajozEl blog de Francisco Pilo es un auténtico ejercicio de incitación al odio, de rabia incontenida, de resentimiento y de venganza contra todo lo que considera "rojo" o "bolchevique", como él mismo gusta decir. Entre los adjetivos que utiliza para lo que otros llaman bando republicano destacan cariñosos apelativos como terrorismo marxista, quemaconventos y perlas similares. Historiadores del prestigio de Espinosa, Preston o Reig Tapia son para él asalariados del régimen, propagandistas o cazasubvenciones (curiosa obsesión la del euro en este hombre), la memoria histórica es memoria histérica y quienes exhuman fosas comunes en busca de los restos de sus antepasados fusilados son desenterradores que solo buscan una paga del Estado. Así se las gasta el amigo Pilo.

Pero lo que más me ha indignado de toda esta inmundicia es el trato que se permite dar a personajes que perdieron la vida durante el genocidio de Badajoz: el alcalde
Sinforiano Madroñero y el diputado del PSOE Nicolás de Pablo. Ambos huyeron a Portugal cuando la caída de la ciudad era inevitable, pero fueron localizados por la policía salazarista y devueltos a Badajoz, donde un pelotón de falangistas los fusiló en un frontón. Pilo se permite apodarlos "el Sinfo" y "el Nico", y no duda en arremeter con saña contra ellos acusándoles de peseteros, traidores, cobardes, y un sinfín de insultos con el que su única intención parece ser volver a fusilarles. ¿Qué historiador puede poner motes a personajes históricos, desprestigiarlos y juzgarlos a pesar de haber sido fusilados precisamente sin juicio? Pilo se ha comprometido definitivamente en la historia, la intenta modificar, manifiesta su odio y escribe con saña. Esto, definitivamente, le inhabilita como historiador, y no porque no haya pisado una universidad en su vida (puedo permitir calificar como historiador a alguien que escribe sobre la historia, aunque no sea licenciado) sino porque su resentimiento le ha llevado a ser protagonista directo de la misma, y eso, amigo Pilo, te descarta como narrador de acontecimientos y te convierte en juez y parte.

De sus opiniones sobre la política actual, mejor pasar página, ni siquiera se le puede considerar derechista, pues los actuales peperos son demasiado blandos para él: él está a la derecha de la derecha. Su última joya ha sido solidarizarse con
Eduardo García Serrano, nada menos que el cafre que llamó "guarra, puerca y zorra" a la Consejera de Sanidad de la Generalidad de Cataluña durante una "tertulia" de Intereconomía. "Todos somos Eduardo García Serrano" reza su surrealista manifiesto.

El periodista norteamericano Jay Allen, autor de la crónica más célebre sobre la masacre de Badajoz, en las páginas del Chicago TribuneCon respecto al libro, confieso que no lo he leído, pero conociendo los precedentes, lo puedo sintetizar. Pilo lleva años recolectando cualquier información que pueda desmentir cualquiera de las versiones que hasta ahora han prevalecido sobre los sucesos de Badajoz: las de los periodistas Jay Allen (foto de la derecha), Jacques Berthet, John T. Whitaker, Marcel Dany y, sobre todo, el portugués Mário Neves. Los métodos de Pilo consisten en la gestión de todo material que pueda justificar sus teorías, y en la ocultación de toda información que pueda contradecirlas. Con estas premisas, y a pesar de que La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda se promociona como "el único trabajo hasta ahora que ha investigado todas y cada una de las fuentes periodísticas, militares y testimoniales disponibles", podemos hacernos una idea de lo que nos encontraremos en su interior, para que a nadie le pille de sorpresa. Tampoco desanimo a nadie a leerlo, porque es la mejor manera de comprobar el grado de credibilidad que alcanza. Yo, si tengo estómago, también lo haré.

miércoles, 2 de junio de 2010

La verdadera historia de Miss Sarajevo


En noviembre de 1995 la mítica banda irlandesa U2 cautivó al mundo con un tema compuesto para llegar al corazón. La canción Miss Sarajevo formaba parte del proyecto Passengers, con el que el cuarteto dublinés experimentaba nuevos mundos musicales en compañía de músicos de su entorno. Miss Sarajevo era una balada espiritual en la que una estrofa interpretada en italiano por el genial Luciano Pavarotti ponía la guinda a una composición que encerraba una dramática historia real: la de un grupo de ciudadanos que, durante el terrible asedio de Sarajevo que durante 1992 y 1996 costó la vida a 10.000 personas, tuvieron la iniciativa de organizar un concurso de belleza en un sótano como símbolo de resistencia a la guerra.

En el videoclip de la canción aparecían un grupo de jóvenes participantes con una llamativa pancarta en inglés: "Don't let them kill us" (No dejéis que nos maten), y después una guapa jovencita rubia emocionada al recibir su corona. Pronto la imaginación popular creó la leyenda urbana de que la vencedora de aquel concurso murió víctima de los disparos de un francotirador. Es curiosa la necesidad (o la mala intención) de la mente humana de crear finales trágicos para historias tan hermosas.



Fuera de la legendaria tragedia se esconde una historia que se desarrolló en la histórica capital bosnia en la primavera de 1993. La disolución de Yugoslavia precipitó una sangrienta guerra civil donde unos por buscar su independencia y otros por impedirla, convirtieron los Balcanes en un campo de batalla no visto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Por entonces, la ciudad era machacada día y noche desde las colinas que la rodean por la artillería del doctor Radovan Karadžić, arquitecto del genocidio bosnio en nombre de la unidad de los serbios de Bosnia. Para completar la faena, los famosos snipers, francotiradores apostados en edificios por toda la ciudad que convertían el simple hecho de salir a comprar el pan en un riesgo mortal, convertían la vida en la ciudad en lo más parecido al infierno de Dante.

La idea de organizar el concurso de belleza ''Miss Sarajevo 1993'' partió de un grupo de sarajevitas empeñados en mantener la vida de la ciudad, y de mostrar al mundo que la penitencia a que eran sometidos a diario no podría con sus deseos de vivir. Pero toda esta historia no hubiera sido posible sin la presencia del director norteamericano Bill Carter, un personaje muy involucrado en el conflicto bosnio y que planificó la grabación del certamen en un vídeo que mostrase al mundo las condiciones que estaban soportando los habitantes de la ciudad sometida al asedio más largo de la historia moderna.

Y aquí apareció Miss Sarajevo. Inela Nogić era una joven y guapa musulmana del barrio sarajevita de Dobrinja, conocido como little Hiroshima por el nivel de destrucción que lo asolaba, y que se presentó al concurso animada por su madre. Las condiciones en que se realizaron los ensayos previos, realizados en el sótano donde se desarrolló el concurso, también fueron grabadas por la cámara de Carter. Estas imágenes fueron proyectadas en distintos conciertos de U2 durante su gira Zoo TV Tour. Carter había convencido a Bono, conmocionado por los sucesos de los Balcanes, de la repercusión de emitir estas imágenes durante sus conciertos. Y ahí apareció la imagen que dio la vuelta al mundo: las participantes en el concurso con la pancarta con el Don't let them kill us que encogió los corazones de los espectadores y se convirtió en un símbolo de la resistencia al asedio. Después, la emoción de la joven Inela al recibir la corona hizo el resto.


En 1995 Bill Carter montó su célebre documental con las imágenes grabadas en Sarajevo, narrado por una simpática niña bosnia, Alma Catel, que se convirtió en parte de la historia. Como banda sonora, U2 compuso la mítica Miss Sarajevo, a la que Pavarotti encumbró con su estelar aportación.

Pero... y qué fue de Miss Sarajevo?. Aunque la imaginación popular pretendió darle un final trágico fulminada por un francotirador, es muy probable que, paradójicamente, aquel concurso salvase la vida de Inela Nogić. Porque aquella mágica noche del 29 de mayo de 1993, muchas puertas se abrieron para la joven sarajevita. Gracias a aquel certamen, Nogić conoció a un periodista holandés 11 años mayor que ella, con quien estableció una relación y con quien se fue a vivir a Holanda un año después, dejando atrás el infierno de la guerra.

Y en 1997 se cerró el círculo cuando U2 visitó Sarajevo dentro de su gira PopMart Tour en un concierto que pasará a los anales de la historia. La banda irlandesa se puso en contacto con Nogić, que se encontraba en Francia trabajando como modelo, y la trasladó desde Niza en su avión privado como invitada especial al evento. Allí, recibidos por la fuerza militar internacional que aún protegía la ciudad, realizaron un tour por la ciudad en un automóvil en el que Bono le cantó Miss Sarajevo. Nogić asistió como invitada especial a un concierto que se convirtió en la presentación mundial del nuevo Sarajevo.

The Edge, Inela Nogić y Bono, en el auto en el que recorrieron las calles de Sarajevo en 1997.


Tras finalizar sus estudios de diseño gráfico, Nogić (que tiene dos hijos y se separó del periodista neerlandés) ha establecido su residencia en Ámsterdam, donde el año pasado concedió una entrevista para un portal bosnio de internet. Cuando le preguntaron qué sintió en el momento en que fue elegida miss, declaró "Feliz. Aunque tampoco era consciente de lo que estaba pasando" Dieciséis años antes, y a la pregunta de qué planes de futuro tenía tras su victoria, fue más tajante: "No tengo planes. Podría estar muerta mañana".

Inela Nogić, en 2009, en una entrevista para un portal bosnio de internet.

Es esta una extraordinaria historia real. A veces, nos empeñamos en buscar finales trágicos para historias que realmente son maravillosas. Y la de Miss Sarajevo lo es, aún más que la canción que la convirtió en mito.