"Porque las ideas maduradas dicen más de nosotros mismos, pero menos de la realidad"

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viernes, 9 de julio de 2010

El Polenfeldzug català

Cuando veo el contorno de la Comunidad Valenciana en esos mapas tan de moda en los que aparecen los Països Catalans, no puedo evitar acordarme de la pacífica invasión de Polonia por parte de la Wehrmacht en 1939. El independentismo catalán lleva siglos asediándonos con mensajes sobre ocupación, independencia, estado invasor, autodeterminación y otras, y ahora pasa a la ofensiva anexionándose un territorio con el pretexto de que hablan el mismo idioma.


Y ojo, que entender Països Catalans en un contexto lingüístico no tiene nada de incorrecto ni debemos rasgarnos las vestiduras ante su existencia, porque la comunidad catalanoparlante existe, se llame de una forma o de otra. Otra cosa es querer trasladar el término al ámbito político, y reclamar la autodeterminación conjunta de esta comunidad lingüística bajo el pretexto del idioma común.

El término Països Catalans fue acuñado a finales del siglo XIX por el historiador valenciano Bienvenido Oliver i Esteller, en su obra monumental "Historia del Derecho en Cataluña, Mallorca y Valencia. Código de las Costumbres de Tortosa, I"; como sinónimo de «territorios de habla catalana». Su utilización política corrió a cargo de Joan Fuster, quien en su ensayo "Nosaltres, els valencians", de 1962, utilizó el término como concepto de nación. Curiosamente, Fuster es considerado una figura clave del Nacionalismo Valenciano, aunque más bien podría entenderse como "catalanista".


Los territorios que comprende el término, es decir, aquellos en los que se considera que el catalán es hablado por un porcentaje importante de la población son, a grandes rasgos: Cataluña, la región histórica del Rosellón, Andorra, la Franja de Aragón, la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares, la comarca de El Carche, en la Región de Murcia, y la ciudad sarda de Alguer. Según datos contrastados de Wikipedia, el catalán es utilizado como lengua habitual por 2.742.600 personas en Cataluña (el 36,7% de la población), en la Comunidad Valenciana (valenciano) por 1.274.000 (25,0%), en las Islas Baleares por 362.500 (33,0%), en Andorra 28.634 (33,8%), en la Franja Oriental aragonesa 29.023 (41,7%), en el Rosellón 11.703 (2,6%), en Alguer 4.638 (11,3%). De El Carche no existen estadísticas fiables, pero se estima que el valenciano es hablado por unas 700 personas, aunque no todas como lengua habitual. Estos datos arrojan una cifra total de unas 4.453.098 personas que utilizan el catalán o valenciano como lengua habitual en un ámbito geográfico habitado por unas 14.290.000, lo que equivale a un porcentaje de un 31,1%. Como primera conclusión, encontramos que la acepción Països Catalans como término político sería compartida por menos de 1/3 de sus habitantes, y todo ello considerando que todos los catalanoparlantes habituales sean independentistas.

Hay que tener en cuenta que, según las últimas elecciones autonómicas, en el Parlament de Cataluña los partidos nacionalistas ocupan 69 escaños de un total de 135, en la Comunidad Valenciana el partido nacionalista más votado, Compromís pel País Valencià, obtuvo el 8,02% de los sufragios emitidos, con un total de 195.116 votos, y que en las Islas Baleares la representación nacionalista rondó el 15% (quien quiera puede interpretar nacionalista como independentista, lo dejo a su elección).


Con todos estos datos, nos encontramos con que el apoyo político a la causa tampoco es tan contundente como para otorgarle legitimidad al término como definición política. Pero lo más sangrante del asunto, y vuelvo a incidir en el tema, es la inclusión de regiones históricas como la valenciana en el mapa político de la Cataluña independiente, algo que está haciendo muy poca gracia en la mayoría de la población del País Valencià, y que está provocando cierto sentimiento de rechazo hacia lo catalán, considerado ahora invasor. Como se puede percibir en la calle, los valencianos se sienten muy poco catalanes, incluso un alto porcentaje piensa que esta ‘anexión’ va en contra de su propio sentimiento nacionalista. En esta época en la que tan de moda están los referéndums soberanistas con ese mapa que incluye Valencia y Baleares por bandera, sería de gran interés conocer qué porcentaje de población de las comunidades Valenciana y Balear se siente representado por él, aunque seguramente hay quien no quiere conocer esos datos.


Partiendo de la base de que yo sí soy partidario del derecho de los pueblos a la autodeterminación, y de que nunca me opondría a una Cataluña independiente si un determinado porcentaje de su población así lo desea, me parece muy poco serio reivindicar la autodeterminación de una determinada región con el argumento de que hablan el mismo idioma (y menos cuando ni un tercio de la población de esa región es hablante habitual del mismo). Es una tomadura de pelo.

viernes, 18 de junio de 2010

Un poco de literatura revisionista

Recientemente ha salido a la venta un libro que a la vista de un lector poco interesado por el tema podría parecer una crónica más de la Guerra Civil Española en una ciudad cualquiera de nuestro país, pero no es así. El libro en cuestión se titula La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda, y sus autores son Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Fernando de la Iglesia.

Portada del libro
Comencé a seguir las andanzas de Francisco Pilo Ortiz (Badajoz, 1957), cuando, buscando información para un artículo sobre las
matanzas de Badajoz acontecidas en la ciudad extremeña tras la toma de la ciudad por las tropas franquistas en 1936, la mayoría de las búsquedas me conducían a un blog (este concretamente; no me importa hacerle publicidad porque no tiene desperdicio) en el que se abordaban todos los temas relacionados con el suceso con una rabia y un odio que me llevaron a querer seguir profundizando para averiguar qué mente podía ser destinada a proporcionar esa información gestionada con tanto resquemor y mala uva.

La búsqueda me llevo a un individuo, el tal Francisco Pilo, un policía (nacional o municipal, tampoco importa mucho) que había dedicado muchos años de su vida a investigar la historia de su ciudad, publicando algunas obras decentes como una sobre la
alcazaba pacense: Un paseo por la alcazaba árabe de Badajoz. Si no me equivoco el primer trabajo serio de Pilo sobre la guerra civil fue Ellos lo vivieron: sucesos en Badajoz durante los meses de julio y agosto de 1936, narrados por personas que los presenciaron, donde mostró algunos retazos de investigación propia sobre los tristes sucesos de la capital pacense.

A grandes rasgos, cuando las tropas nacionales (la redirección me parece más correcta) tomaron la ciudad en su avance desde Andalucía a través de Extremadura, se produjo en Badajoz uno de los episodios más bárbaros de toda la contienda: el entonces coronel
Juan Yagüe -que quedó retratado como el carnicero de Badajoz- ordenó la ejecución de un número indeterminado de población civil, muchos de los cuales nada tenían que ver con la contienda. Las cifras más altas hablan de 4.000 represaliados, mientras que revisionistas furibundos como Pío Moa las reducen a unos cientos. El caso es que periodistas internacionales que cubrían el conflicto en tierras extremeñas enviaron a sus diarios terroríficas crónicas describiendo las matanzas masivas acaecidas allí, muchas de las cuales localizadas en la antigua plaza de toros de la ciudad. Eso se llama genocidio.

Imagen del antiguo cementerio de San Juan de Badajoz, donde eran llevados los cuerpos de los fusilados para ser quemados y depositados en fosas comunesSiendo justos, el libro de Pilo contaba episodios del macabro suceso que tenían toda la pinta de ser verídicos, y se centraba muy mucho en la tragedia humana que vivieron aquellas pobres gentes a manos del ejército de África, compuesto por salvajes regulares moros y legionarios que cayeron como buitres sobre la indefensa población civil, dirigidos por unos mandos crueles curtidos en el norte africano, Antonio Castejón Espinosa y Carlos Asensio Cabanillas, a las órdenes de Yagüe en lo que Francisco Espinosa Maestre definió acertadamente como La columna de la muerte

Lo cierto es que tras este libro, la actitud de Pilo dio un giro radical. Mis pesquisas me sugieren que se sintió ninguneado y humillado por otros historiadores (él no lo es) y en especial por Espinosa Maestre, blanco habitual de los ataques de Pilo. Parece que tampoco las instituciones dieron demasiada importancia al trabajo del policía, que a partir de entonces comenzó su propia cruzada contra la historia que se conocía de la masacre de Badajoz, que a partir de entonces fue para él "propaganda republicana".

Una hilera de cadáveres carbonizados en el cementerio de San Juan de BadajozEl blog de Francisco Pilo es un auténtico ejercicio de incitación al odio, de rabia incontenida, de resentimiento y de venganza contra todo lo que considera "rojo" o "bolchevique", como él mismo gusta decir. Entre los adjetivos que utiliza para lo que otros llaman bando republicano destacan cariñosos apelativos como terrorismo marxista, quemaconventos y perlas similares. Historiadores del prestigio de Espinosa, Preston o Reig Tapia son para él asalariados del régimen, propagandistas o cazasubvenciones (curiosa obsesión la del euro en este hombre), la memoria histórica es memoria histérica y quienes exhuman fosas comunes en busca de los restos de sus antepasados fusilados son desenterradores que solo buscan una paga del Estado. Así se las gasta el amigo Pilo.

Pero lo que más me ha indignado de toda esta inmundicia es el trato que se permite dar a personajes que perdieron la vida durante el genocidio de Badajoz: el alcalde
Sinforiano Madroñero y el diputado del PSOE Nicolás de Pablo. Ambos huyeron a Portugal cuando la caída de la ciudad era inevitable, pero fueron localizados por la policía salazarista y devueltos a Badajoz, donde un pelotón de falangistas los fusiló en un frontón. Pilo se permite apodarlos "el Sinfo" y "el Nico", y no duda en arremeter con saña contra ellos acusándoles de peseteros, traidores, cobardes, y un sinfín de insultos con el que su única intención parece ser volver a fusilarles. ¿Qué historiador puede poner motes a personajes históricos, desprestigiarlos y juzgarlos a pesar de haber sido fusilados precisamente sin juicio? Pilo se ha comprometido definitivamente en la historia, la intenta modificar, manifiesta su odio y escribe con saña. Esto, definitivamente, le inhabilita como historiador, y no porque no haya pisado una universidad en su vida (puedo permitir calificar como historiador a alguien que escribe sobre la historia, aunque no sea licenciado) sino porque su resentimiento le ha llevado a ser protagonista directo de la misma, y eso, amigo Pilo, te descarta como narrador de acontecimientos y te convierte en juez y parte.

De sus opiniones sobre la política actual, mejor pasar página, ni siquiera se le puede considerar derechista, pues los actuales peperos son demasiado blandos para él: él está a la derecha de la derecha. Su última joya ha sido solidarizarse con
Eduardo García Serrano, nada menos que el cafre que llamó "guarra, puerca y zorra" a la Consejera de Sanidad de la Generalidad de Cataluña durante una "tertulia" de Intereconomía. "Todos somos Eduardo García Serrano" reza su surrealista manifiesto.

El periodista norteamericano Jay Allen, autor de la crónica más célebre sobre la masacre de Badajoz, en las páginas del Chicago TribuneCon respecto al libro, confieso que no lo he leído, pero conociendo los precedentes, lo puedo sintetizar. Pilo lleva años recolectando cualquier información que pueda desmentir cualquiera de las versiones que hasta ahora han prevalecido sobre los sucesos de Badajoz: las de los periodistas Jay Allen (foto de la derecha), Jacques Berthet, John T. Whitaker, Marcel Dany y, sobre todo, el portugués Mário Neves. Los métodos de Pilo consisten en la gestión de todo material que pueda justificar sus teorías, y en la ocultación de toda información que pueda contradecirlas. Con estas premisas, y a pesar de que La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda se promociona como "el único trabajo hasta ahora que ha investigado todas y cada una de las fuentes periodísticas, militares y testimoniales disponibles", podemos hacernos una idea de lo que nos encontraremos en su interior, para que a nadie le pille de sorpresa. Tampoco desanimo a nadie a leerlo, porque es la mejor manera de comprobar el grado de credibilidad que alcanza. Yo, si tengo estómago, también lo haré.