"Porque las ideas maduradas dicen más de nosotros mismos, pero menos de la realidad"

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domingo, 19 de septiembre de 2010

Intereconomía TV: la televisión que asusta

Las primeras emisiones del canal Intereconomía TV estaban, como su propio nombre indica, íntegramente dedicadas a la información económica, y podían presenciarse a través de las plataformas de televisión digital. Con la aparición de programas de información general, el incremento de las tertulias y su claro posicionamiento ideológico a la derecha de la extrema derecha (siendo benévolos) y su importante expansión originada por su paso a la TDT en abierto, el canal mutó en una cadena con el cartel de generalista, pero que realmente es un altavoz incendiario que permite asomarse a la ventana de todos los hogares a inquietantes y siniestros personajes que antes gozaban de menor trascendencia y repercusión.

El presidente del Grupo Intereconomía es el magnate Julio Ariza, un antiguo militante del PP que llegó a ser diputado en el Parlament de Cataluña, pero que abandonó la formación cuando Aznar tuvo que pactar con los nacionalistas para poder formar gobierno. Este hecho ya es bastante orientativo de por donde van los tiros (ideológicos) del señor Ariza, para quien su partido no estaba lo suficientemente a la derecha como para merecer contar con su pertenencia.

La proliferación de presuntas tertulias y debates en la cadena (aunque ni siquiera son presuntas, ya que entre sus contertulios no tienen nada que debatir, sino hacer frente común) ha llevado consigo un posicionamiento extremista que el propio grupo asume en su eslogan "la derecha sin complejos".

Y lo de derecha sin complejos tiene su razón de ser, en un país dominado durante 40 años por una feroz dictadura genocida, ser "de derechas" se convirtió en un estigma tras la llegada de la democracia. Ser facha representaba comulgar en cierto modo con las ideas de quienes, a través de un golpe de estado militar, habían desposeído al país de su legítimo gobierno y se habían propuesto exterminar a todo aquel que no pensara como ellos. Y, aunque ser conservador no implica ser partidario del franquismo y sus atropellos, esta nueva/vieja derecha española se niega sistemáticamente a condenar los excesos cometidos durante 3 años de guerra civil y 36 de salvaje represión. No se han dado cuenta de que hasta que no condenen y reconozcan los excesos del franquismo y sus secuaces no dejarán de ser sus herederos (lo cual es para estar acomplejado).


Pero el eslogan de derecha sin complejos va por otro lado: justifica declararse públicamente y con la cabeza bien alta miembro de un colectivo (la derecha) históricamente repudiado y vilipendiado. En el caso de Intereconomía TV, este giro a la derecha se ha pasado de frenada, y su posición se encuentra peligrosamente más allá de la extrema más radical y rancia, concretamente en la que en los años 30 del siglo pasado era representada por una esvástica, símbolo que afortunadamente Intereconomía y sus fieles no han osado rescatar. Su patrio símbolo es un toro en actitud de embestir, toda una declaración de intenciones teniendo en cuenta su carácter bravo y punzante.

Las cifras de audiencia de Intereconomía TV han experimentado un notable aumento: su programa estrella, "El gato al agua" reúne aproximadamente a medio millón de televidentes, lo cual es un fenómeno que merece un estudio. Porque, aún dando por sentado que no todos los espectadores comparten esos ideales, digno de estudiar es que un canal que ha asumido el odio, la calumnia y el insulto como señas de identidad, agrupe esta respetable cantidad de telespectadores. No quiero pensar que medio millón de personas siguen las consignas que propugna la cadena del toro, porque eso significaría automáticamente la posibilidad de otra guerra civil, y eso pone los pelos de punta.

Porque la propuesta de Intereconomía TV, sencillamente, asusta. Asusta que en pleno siglo XXI un grupo mediático asuma el rol manipulador que Augusto, Goebbels o Queipo de Llano representaron en épocas ominosas. La irrupción de la cadena de Ariza en el campo de lo inmundo ha sido fulgurante. No hay límites en Intereconomía: ni para el odio, ni para la crispación, ni para la violencia ni para la degeneración. A estas alturas, son tal la cantidad de capítulos aberrantes protagonizados por el canal, que daría ya para escribir un libro, que podría estar encuadrado en el género bélico o en el de terror. En este aspecto, el título de cafre mayor estaría bastante disputado, porque varios han sido los personajes que han sonrojado a medio país con sus nazis actitudes, en una clara demostración de lo que esta "derecha sin complejos" es capaz de hacer con dinero y un micrófono.

Quizás el personaje más siniestro de todo el canal es su director, el infame Xavier Horcajo, una alimaña que desprende odio y resentimiento por todos los poros de su piel. Este tipo transmite una sensación realmente inquietante: con su mirada asesina, da la impresión de que podría despellejar a alguien en directo si percibe en él la más mínima afinidad con "la izquierda". Cada intervención suya es una demostración de depravación humana que nos hace pensar qué sería capaz de hacer si tuviera en sus manos la vida de sus odiados enemigos. Aunque dentro de tanta maldad también hay sitio para la inocencia: su espantoso ridículo en el montaje de Wyoming y la becaria le ha dado un aura de patetismo que difícilmente se podrá quitar de encima. Más inquietante.



Otro de los personajes que se ha ganado un puesto en el infierno con sus intervenciones en la cadena del toro ha sido el ínclito Juan Manuel de Prada. Tras esa apariencia de retrasado mental se esconde un intelectual depravado y misógino que, haciendo pleno uso de su locuacidad y verborrea, ha arremetido contra la "progresía" utilizando una jerga cada vez más desagradable y ofensiva. De Prada habla de putas y de violar niñas con la ligereza de quien se fuma un pitillo, me pregunto si es consciente del alcance que pueden tener sus barbaridades, y del efecto que pueden causar en mentes menos privilegiadas que la suya. Esta es la maldad del depravado, que hace uso de su inteligencia con los fines más ruines; me pregunto si de Prada no es ya un científico loco.

Últimamente se han subido al carro [de combate] del canal otros personajes que mantienen la jauría humana que componen su equipo de contertulios. El fascista homófobo Eduardo García Serrano protagonizó uno de los episodios más repugnantes cuando llamó "guarra", "puerca" y "zorra" a una consejera de la Generalitat para mostrar su desacuerdo con la política educativa catalana (lo más sangrante del caso es que el desarrollo del programa continuó como si no hubiera pasado nada). Para este prodigio de la tolerancia, Antonio Gala es una maricona vieja y el rey un malnacido demasiado próximo a los "progres". Pena me da la presencia de Jesús Neira en esta pocilga humana. Pena porque el profesor Neira perdió una inmensa oportunidad de pasar a la historia como un héroe que estuvo cerca de la muerte por defender a una mujer maltratada para pasar a convertirse en un villano depravado y maleducado que ha demostrado sobradamente encontrarse muy próximo en catadura moral del salvaje que casi le mata. Surrealista lo del profesor Neira: aprovechó la fama que le dio un acto heroico para demostrar públicamente lo inmensamente cobarde y ruin que puede llegar a ser. Uno de los últimos en subirse al torpedero televisivo es el timador Mario Conde, empeñado en seguir tomándonos el pelo y deleitarnos con su descomunal egocentrismo sin darse cuenta de que su presunta sabiduría hace tiempo que quedó, con su dignidad y varios botes de gomina vacíos, en lo más profundo del cubo de la basura.



Escúchese como se ríen los contertulios cuando el fascista llama guarra a la consejera.

No sería justo acabar sin hacer mención a Antonio Jiménez, el presentador del programa estrella de la cadena, y con el que ésta intenta dar un toque de mesura y cordura dentro de su habitual desvarío. Pero Antonio Jiménez no puede ser lo que parece: dentro de su aparente serenidad tiene que esconderse una mente fría y paciente porque, sencillamente, si no no estaría ahí. Digamos que es el más listo de la clase.

Esta es la derecha "sin complejos" la que al derecho al aborto (pero solo al de los pobres) lo llama "asesinar niños". Dónde se ha visto que la hija de un humilde obrero pueda abortar por la Seguridad Social, o evitar que una madre decida libremente si quiere traer a este mundo una criatura con una malformación. Esos son los niños que preocupan a la derecha "sin complejos": los no natos (ah, y españoles). Si la criatura tiene tres años, vive en un suburbio de Bagdad y una bomba de racimo made in USA le convierte en picadillo, la culpa es de Bin Laden (o de ETA, que nunca se sabe). Gente sin complejos.

Y, como colofón, una joya de la historia de la televisión, el vídeo en el que un avispado reportero de la cadena nos explica las razones de por qué está desaconsejado el uso de preservativos en África: se deshacen con el calor, y además los negros tienen las uñas muy largas y los rasgarían, aparte de que como no saben leer podrían ponerse el condón de sombrero. Ahí queda eso.



Una frase para la historia: "La manicura de África no destaca".


lunes, 13 de septiembre de 2010

Telecinco inventa la televisión en 4-D

En la era de las telecomunicaciones y los avances tecnológicos, y cuando la televisión en 3-D ya es una realidad, el canal de televisión español Telecinco, ha logrado ir un paso más allá, y ha conseguido ofrecer a sus televidentes la cuarta dimensión de la televisión, que en este caso es una sensación: el olor.

Y es que los investigadores de la cadena de Fuencarral han logrado, mediante la combinación de la imagen y el sonido, producir en el espectador un estímulo extraordinariamente parecido al que se produce cuando se encuentra próximo a nosotros un cuerpo en avanzado estado de descomposición. Gracias a este avance, la pantalla amiga ha logrado fundar el Imperio de la Telebasura.


Pero, evidentemente, para que semejante estercolero tenga éxito, es necesario un mercado potencial, y eso lo intuyó desde el principio el depredador televisivo Paolo Vasile, el jefe de toda esta cloaca mediática que ha logrado nada menos que convertirse en uno de los valores en alza de la Bolsa española. El veneciano, como buen extranjero, descubrió antes que nadie las bondades y defectos de los españoles, y comprobó el alto porcentaje de población que incluía los excrementos entre sus gustos culinarios. Como donde hay demanda hay oferta, Vasile, sin ningún tipo de rubor, decidió suministrar a los coprófagos el producto que demandaban: la basura; y lo hizo en cantidades industriales.

El producto estrella de la cadena es un engendro donde lo único razonable es el título: Sálvame (parece que lo hayan puesto sus detractores, porque precisamente es en lo que uno piensa cuando lo ve, en salvarse). El guión de este subproducto es de lo más sencillo: dos mesas, una a cada lado del decorado, donde cinco o seis personajes que comparten impudor, desvergüenza, incultura y afán de protagonismo a partes iguales, opinan sobre lo divino y lo humano, con la particularidad de no tener ni la más remota noción del tema del que están hablando; cuánto más lo desconocen, más interesantes resultan sus disertaciones. La única norma del programa es hablar lo más alto posible y utilizando la jerga más zafia, y si pueden hablar varios a la vez, mejor.

El jefe de pista de todo esta inmundicia es un personaje que se desenvuelve como pez (o más bien sanguijuela) en el agua, y que responde al nombre de Jorge Javier Vázquez. Es este un digno homosexual habitual defensor de su propia intimidad, cuando ha forjado su carrera despellejando públicamente personajes de toda índole, sin respetar el más mínimo derecho elemental del ser humano. Jorgeja es el adalid de la telemierda, pionero en España en un género que sumerge al espectador en el corazón de la putrefacción y lo convierte en parte de un entramado pueril que además dicen que crea adicción. Pero Jorgeja es digno, y lejos de asumir su rol en este maloliente ambiente, defiende este tipo de programación, que él llama "neorrealismo televisivo".

Colaboradores de "Sálvame", perpetrando uno de sus habituales despropósitos, junto al sumo sacerdote de la telebasura.

El personaje estrella de este inodoro, como no podía ser menos, es una verdulera semianalfabeta que parece recién sacada de una película de terror, y cuya relevancia se debe a que tuvo una hija con un torero. Ese es todo su bagaje y currículum. Mientras periodistas de carrera se las afanan para conseguir un puesto de redactor en un periódico de provincias, Telecinco convierte en estrella de su programación a un personaje que ha convertido la mala educación, la incultura y el oportunismo en sus señas de identidad. Un personaje que tiene la particularidad de convertir en grosero cualquier tema que pase por sus siliconadas fauces. Pero un personaje que mantiene una curiosa relación de simbiosis con el coprófago/espectador: ella les proporciona su ración diaria de excrementos mientras ellos engordan abundantemente su cuenta corriente.

Viendo el éxito de su escatológica oferta, la pantalla amiga ha prolongado la duración de este pseudoespacio, que debe andar ya por las cinco o seis horas de duración. El resto de su programación constituye un aderezo de Sálvame, en ocasiones apoyado por series de producción propia basadas en desgracias reales y recientes, como accidentes aéreos o muertes de famosos, mostrando una impunidad y una falta de respeto por los sentimientos ajenos que nos hacen temer cual puede ser su próxima invención. Eso sí, su colaboración a la desintegración cultural de este país ha sido incuestionable.